EXCURSIÓN A VILORIA Y SUS ALREDEDORES

por Elena Rodriguez

Una cuadrilla de amigos compuesta por 10 familias que hacían un total de 18 niños (comprendidos entre 0 y 7 años) y 19 adultos, aficionados al monte y al turismo rural, organizamos una visita a Viloria y sus alrededores, con la finalidad de conocer las raíces de unos de sus componentes.
Informándose sobre el carboneo

Los preparativos llevan tiempo: que donde nos alojamos, que ruta realizamos, donde comemos, donde cenamos, etc. Poco a poco todo se concreta pero queda una sola incógnita: ¿qué tiempo tendremos? ¿Lloverá? Y si llueve, ¿qué hacemos? Menos mal que Gaizka, uno de los aitatxus de la cuadrilla, conocía una estupenda página web alemana que consiguió tranquilizar al grupo y debo decir, que acertó al minuto!

El grupo se aloja en diferentes bungalows del camping de acedo, lo cual supone el comienzo de la aventura para los críos……..

Llega el gran día, viernes día 16 de mayo y un terrible chaparrón nos recibe en el camping……….. Pero las risas y el buen humor no cesan en el grupo; sabíamos a ciencia cierta, gracias a los alemanes, que el sábado tendríamos un soleado y estupendo día, como así fue.

El sábado día 17 de mayo, más o menos a la hora prevista, llega el grupo a Viloria. Los niños se dispersan: unos entran a la casa vieja de los Asarta, otros se quedan en los pilones, otros entran en la casa de las palomas, otros se quedan en el Getsemaní………..El anfitrión, Javi, necesita subir al Borbol a por el Jeep que acompañará a la expedición en la subida a la Sierra, …. En fin, que con cierto retraso, comienza la expedición destino Ulibarri. Comienza a llover, el grupo duda y da muestras de indecisión, pero ahí está Gaizka, un vez más, para infundir valor al grupo y la expedición continua.

La idea es subir por el puerto de Narcué a la Sierra de Lokiz y para ello debemos buscar la marca que amablemente las primas, Conchi y Lourdes, nos han dejado.

 
Subiendo el puerto de Narcué
Los más pequeños suben en todo-terreno (algunos de ellos contagiados por un virus que les provocaba décimas de fiebres) y los mayores, con un mosqueo de campeonato, suben andando. Javi, recibe al grupo en la peña de Ulibarri y nos dirigimos a comer. En medio de un precioso paraje y con sol, comemos, bebemos y reímos. Después, unos charlan, otros duermen la siesta, los más animados otros hacen otra excursión a la Caseta de los fuegos y los críos juegan y “se hacen una txabola”.

Los críos mayores exigen bajar en todo terreno, al igual que han hecho sus hermanos y su deseo se hace realidad. ¡Otra aventura para ellos!


Tomamos un refresco en la sociedad de Viloria y justo entonces llega el de los Helados; ¡que casualidad! Pues ni más ni menos que 23 helados……y estaban de muerte.

Pero no nos podemos entretener, deben dar comienzo los preparativos de la barbacoa prevista para la cena y que mejor que comida típica de la zona: chistorra, morcilla, etc. todo ello preparado por las expertas manos de los hombres del grupo, eso sí, bajo la supervisión y dirección de Josemi, que para eso sabe lo que se hace; cafecito y para la cama; que todavía falta el colofón.

Llega el domingo y el grupo visita las carboneras de Emilio; nos explica el proceso y empieza la excursión hacía la Ermita de San Antón. Un pequeño almuerzo, y seguimos rumbo al Cogote del puerto para desde ahí empezar la bajada por el puerto de Viloria. Tenemos prisa, pues los hombres deben preparar la paella que degustaremos en el Getsemaní.

Comemos, descansamos, los críos juegan por ahí, recogemos y justo a la hora de marcharnos, tal y como Gaizka había anticipado, comienza a llover. ¡Perfecto!

En fin, que todo ha salido a pedir de boca: un paraje excepcional, un tiempo estupendo y un grupo de amigos con ganas de conocer sitios nuevos y pasárselo bien…….

 
 
En el hayedo
   
Paellero y paella
Para la posteridad
En la sierra