Por Miguel Angel Valencia

    Cuando te propones objetivos como éste no es muy fácil explicar el porqué. Levantarse de madrugada, después de no más de 3 horas de sueño y con el planteamiento de empezar a correr por la noche, sólo, tanta distancia, sin apoyos, y sabiendo que tarde o temprano vas a acabar pasándolo mal, es algo que, a priori, no resulta atractivo (ni comprensible) para la mayoría de la gente.

    Tal vez por eso no sabría decir exactamente el porqué, pero sí algunas cuestiones que han podido influir: me gusta (mucho) correr, me gusta (mucho) la aventura y me gusta (mucho) el valle de Lana. Seguramente éstos han sido los tres ingredientes para que el 08/07/2022, a las 02:05 se cocinaran los primeros pasos (de los que a la postre serían más de 105.000) desde el barrio donostiarra de Egia hasta la localidad navarra de Ulibarri.

    ¿Por qué Ulibarri?
    Al margen de lo bonito que es el pueblo y su entorno, así como de la paz y tranquilidad que se respira en todo el valle, Ulibarri tiene un añadido sentimental. Desde pequeño siempre he podido ver el orgullo y entusiasmo con el que mi padre hablaba del pueblo que le vio nacer. ¡Si es que se le cambiaba hasta la cara! Muchas historias y anécdotas que oí una y otra vez, y que pude ir recordándolas no sólo a lo largo del recorrido, sino también durante la preparación del mismo, convirtiendo así el reto en un pequeño homenaje y recuerdo hacia él.

    No lo he dicho, pero también mis abuelos y tíos nacieron en Ulibarri, y aunque un día vinieron a vivir a Donosti, siempre han tenido/tuvieron muy presente a su pueblo.

    Planificar el recorrido no fue muy difícil. La parte de Gipuzkoa ya la tenía controlada hasta llegar a Echarri Aranaz, y para la siguiente parte de la ruta solo tuve que hacer un par de salidas por las sierras de Urbasa y de Lokiz. Varias imágenes aéreas y el GPS fueron de mucha ayuda para saber en cada cruce de caminos cual era el que me iba a llevar hasta lo alto de las peñas del valle. Ya tenía, por tanto, todo el recorrido estudiado. Y con él, el primer problema encima de la mesa: mitad de recorrido asfalto, mitad de recorrido monte… ¿Qué calzado llevar?

    El problema quedó solucionado cuando decidí llevarme los dos pares de zapatillas, las de asfalto puestas y las de trail en la mochila. Lo bueno es que en cada terreno iba a andar/correr muy cómodo, y lo malo es que la mochila, entre unas cosas y otras, llegó a pesar más de 3 kilos, con el lastre que eso supone.

    Primeros pasos desde Donosti a las 02:05 horas y el objetivo es claro: Llegar a Ulibarri autorecordándome en cada kilómetro que no era una carrera, sino una experiencia, una aventura. Así, los primeros kilómetros son muy tranquilos y cómodos, pasando por varias localidades en las que siempre había alguna fuente para beber agua. No tuve sensación de soledad, ya que de vez en cuando me cruzaba con algún coche circulando o con alguna otra persona por la calle.

    Astigarraga, Hernani, Urnieta, Andoain, Billabona y primera parada en Tolosa para desayunar. Los primeros 27 kilómetros habían sido en ayunas, y a partir de aquí, con el estómago lleno, ya se empezaba a ver la vida de otra manera (y además la mochila pesaba medio kilo menos). Alegia, Amezketa y Larraitz para llegar al kilómetro 40 y hacer la segunda parada. Cambio de zapatillas y primeros kilómetros de monte por Aralar, justo después de amanecer. De momento, todo según lo planificado.

    El paso por la sierra de Aralar fue bonito y desagradable a partes iguales. En todo el recorrido hubo niebla, barro e incluso en algunos momentos tuve sensación de frío. Pensaba que antes de desviarme en el ascenso a Kilixketa y empezar a bajar hacia el embalse de Lareo, tendría la suerte de dejar la niebla abajo y ver el llamado mar de nubes, pero nada más lejos de la realidad. A pesar de estar a más de 900 metros de altitud, niebla cerrada, ambiente desapacible y, por lo tanto, feliz de llegar a Lizarrusti y de dejar atrás Aralar, eso sí, haciéndolo por lugares espectaculares. A pesar de las vacas, caballos y algún perro pastor que se acercó entre la niebla, sensación de soledad en todo el recorrido. En Lizarrusti de nuevo parada para cambiar las zapatillas, que estaban empapadas, y aprovisionamiento de agua en bar. “Y ¿en cuantos días lo vas a hacer?” preguntó la camarera cuando le confesé mi objetivo… Por cierto, no me quiso cobrar el agua.

    Desde allí, la bajada hacia Echarri, por asfalto y picando hacia abajo, fue muy llevadera, tanto para las piernas como para la cabeza.

    Kilómetro 63, algo de comida, de nuevo cambio de zapatillas, y Urbasa ahí delante, imponente e iluminada a ratos por un sol que ya empezaba a ganar terreno a las nubes. Tras la eterna subida a la sierra (el desnivel más duro de las tres) ya quedó muy claro que el sol y el calor iban a ser nuevos compañeros de viaje hasta el final. Este tramo de Urbasa fue la peor parte de todo el recorrido. El poco espacio que quedaba en la mochila no me permitió llevar todo el agua que necesitaba, a pesar de saber que desde Echarri hasta San Martín de Ameskoa, más o menos durante unos 26 kilómetros, no habría ninguna fuente (conocida al menos por mí). Error. Me quedé sin agua a algo más de medio camino, pero es que para más inri, al salir de una zona boscosa desde Otxaportillo hacia el balcón de Pilatos, me desorienté y comencé a correr en otra dirección. Calculo que perdí algo más de un kilómetro. No escribiré los juramentos…

    Así, en el kilómetro 83, acabé tirado unos minutos bajo la sombra de un arbolillo, medio deshidratado y escondiéndome de un sol que estaba fuera de sí, mientras trataba de buscar alguna solución para recorrer los 6 kilómetros que quedaban para llegar a San Martín sin acabar totalmente deshidratado por el camino.

    Finalmente, se me ocurrió salir a la carretera y parar el único coche que vi pasar… “Hola, oye, no tendréis algo de agua o algún líquido, no?”. ¡Bingo! Tenían un botellín pequeño de agua y con cara de “pero de donde ha salido este tío” me lo dieron sin dudarlo. A saber qué pensarían. A todo esto, fueron 350 cl de agua que no los cambio por ningún Vega Sicilia. Un auténtico tesoro en ese momento.

    Gracias a eso, una hora más tarde ya estaba sentado en la fuente de San Martín, rellenando botellas y bebiendo agua como un camello. Preciosas vistas desde Urbasa antes de bajar, por cierto. Y bonito pueblo.

    La subida a Lokiz, que, paradójicamente sobre el papel era la más llevadera de las tres, se hizo muy dura. El calor, el cansancio y los mosquitos dieron un plus de dureza que no había tenido en cuenta en la planificación. Por cierto, también oí el gruñido de un jabalí. Pero en ese terreno ya sabía que Ulibarri estaba al otro lado y la cabeza ya sólo pensaba en eso. No había sitio para nada más. Además, cada mirada atrás para ver desde donde venía, Urbasa, Aralar, era un chute de moral increíble. Y fue en el último cruce, antes de empezar a bordear las peñas, en donde empezó el momento más emotivo de todo el día. Ver de tú a tú la primera peña, los recuerdos, después ahí abajo Viloria, luego Galbarra…

    Bajada hacia el valle de Lana todo lo rápido que pude, con las peñas a la derecha, a la izquierda el valle, detrás 104 kilómetros de aventura, delante una familia que me esperaba, arriba un sol que ya no podía conmigo, abajo un suelo que ya no se pegaba a las zapatillas como antes… y en mitad de todo ello la persona más feliz del mundo.

    Y así, a las 18:35 horas, acabó todo junto a la iglesia de Santa María. Después, abrazos con la familia, unas risas, algo de comer y beber, un pequeño aseo en la fuente del pórtico de la Iglesia y vuelta a Donosti. Esta vez en coche, por supuesto, y con una parada en el bar de Acedo para beberme posiblemente la mejor cerveza fría del mundo. También tenía pensado haberme dado un chapuzón en la Chicorroba, pero bastante tuve con poder quitarme los calcetines. Volveré.

    Sin ninguna duda una gran experiencia que se quedará conmigo para siempre, de esas que te vacían por fuera un día, pero que te llenan por dentro para toda la vida.”

    Datos del recorrido → https://es.wikiloc.com/rutas-carrera-por-montana/donostia-tolosa-etxarri-aranaz-urbasa-lokiz-ulibarri-107511190

     

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    3 Comentarios hasta ahora.

    1. Miguel A. Valencia dice:

      Muchísimas gracias Conchi por compartir esta aventura que, he de confesarlo, me produce tanta vergüenza como orgullo. Un abrazo.

    2. Sergio dice:

      Muy bonito el relato. Solo de leerlo estoy reventado. Una gran experiencia fantásticamente contada. Qué hazaña… Zorionak!!

    3. Xabi dice:

      Un recuerdazo para siempre. Tu aita seguro

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