Casa donde vivió Ricardo Casanellas

    Casa donde vivió Ricardo Casanellas (Viloria)

    Estos días que estamos compartiendo cuentos e historias, sucesos y anécdotas de gente del valle de Lana, Florentino Ulibarri me ha enviado un mail con la historia que hace unos años le contaron sobre la hazaña del vecino de Viloria, Ricardo Casanellas.
    Casualidades que hay en la vida, la casa de Ricardo Casanellas, hoy reformada,  es el Alojamiento Rural “IKIGAI” propiedad del propio Florentino Ulibarri. Os comparto la historia que es bien curiosa…

    A finales de la década de los ochenta conocí en Bilbao a Cándido Urrutia, padre de un gran amigo y guardia civil retirado. Tras la presentación, lo primero que hizo señalándome con su bastón fue preguntarme: ¿Y tú, de dónde eres? Le contesté con naturalidad: De Navarra, como usted (pues sabía que era navarro, que había estado bastantes años en el cuartel de Andosilla y que su mujer era de los Abaigar de Los Arcos). Pero él inquirió: ¿De qué parte de Navarra? Y yo le dije: De Tierra Estella, de un pueblecito muy pequeño y recóndito, por el que no se pasa sino al que hay que ir, y que a veces no aparece ni en los mapas. Mas él insistió: ¿Cómo se llama? Y claro, no me quedó más remedio que decirle: Viloria, que pertenece al Valle de Lana, y que últimamente se ha hecho famoso por una película sobre la vida de los carboneros titulada Tasio.

    Vi que se le encendían los ojos y que se le removían los recuerdos en su interior. O sea, que tú eres de Viloria, de Valdelana, de la Pequeña Rusia… ¡Qué tierra, qué hombres, qué historias! Yo he estado varias veces por allá. Y ¿tú has conocido u oído hablar de Ricardo Casanellas? Le dije que sí, que lo conocí, pero que él y su familia habían emigrado a Pamplona en la década de los cincuenta, cuando yo era un crío.

    Pues te voy a contar una historia del Casanellas de Viloria. A mí me tocó hacer la mili con él en África, en Marruecos, cerca de Larache, cuando casi todos los días había escaramuzas y batallas, heridos y muertos, terrenos que se conquistaban y se volvían a perder; cuando había que dormir a la intemperie o en tiendas en el suelo con un ojo siempre despierto por si las moscas…

    Ya no recuerdo el año, pero era alrededor de 1920. Un día los moros nos hicieron una encerrona, y era necesario subir una colina para salir de la jaula y dominar el horizonte. En el batallón teníamos dos cañones y unas mulas para transportarlos. Pero las mulas estaban flacas y con menos fuerza que Rocinante, el caballo de don Quijote. A los pocos metros de iniciar la subida, las ruedas de los cañones se hundieron en la arena y se atascaron. Las mulas, a pesar de los zurriagazos, no avanzaban, no estaban por la labor. El general bramaba y estaba descompuesto…Entonces, levanta la voz el Casanellas de Viloria, que iba a mi lado, y le dice al general: Mi general, dé la orden de soltar las mulas, que no pueden ni con su alma, y déjeme a mí ponerme el collar y agarrar las cinchas; le prometo subir los cañones a la cima.

    El general dio la orden y el Casanellas se puso el collarín con las cinchas y gritó: ¡Por santa Quiteria de Viloria, todos a una! Y poco a poco, con mucho esfuerzo y sudor, logramos subir el primer cañón al collado. No contento con ello, lleno de sudor y arena, casi sin descansar, el Casanellas volvió a bajar, doscientos o trescientos metros, para encincharse el otro cañón y subirlo, de la misma forma y con otros compañeros, hasta la cima. Ese día no tuvimos muertos en la compañía, pero sí muchos derrengados y desfallecidos. Pero desde la cima pudimos dominar la llanura y ponernos en contacto con otro regimiento…

    Por la noche, cuando estábamos todos menos los vigilantes cenando, sonó la corneta, nos pusimos en pie y entró el general Nos felicitó a todos y llamó junto a sí al Casanellas de Viloria y dijo: Mención especial quiero hacer hoy a este soldado ejemplar que nos ha dado una lección de bravura y patriotismo. En recompensa, de hoy en adelante, mientras yo esté al frente de esta compañía, Ricardo Casanellas, navarro de Viloria, recibirá, en todas las comidas, mañana, mediodía y noche, ración doble.

    Y así fue: trozo de pan a todos, al Casanellas dos; plato de habas o lentejas para comer, al Casanellas dos; ración de tocino o chorizo a todos, al Casanellas dos; porción de queso duro a todos, al Casanellas dos; vaso de vino para todos, al Casanellas dos…

    Algunos, en el regimiento empezaron a llamarle el Sansón de Viloria; otros intentaron acercase por si le sobraba algo del segundo plato o vaso… Pero los más cercanos y amigos seguimos llamándole el Casanellas de Viloria (para distinguirlo de otro que había en el regimiento). Y sólo en los momentos de más confianza, y cuando los mandos no estaban presentes, le llamábamos el Ruso, como a él le gustaba.

    ¡Qué hombre el Ricardo Casanellas! ¡Qué fuerza bruta de la naturaleza! ¡Qué gran amigo! Y a pesar de la doble ración nunca engordó.

    Sé que se casó con una tal Clara, también de Viloria, que tuvo varios hijos; que vivía en lo alto del pueblo, junto a la iglesia, en una casa con escudos, aunque no eran de su familia… Una vez fui a verle al pueblo y me lo encontré haciendo carbón, en camiseta y bombacho, tiznado hasta las cejas, pero con la fuerza y la amistad de siempre.

    Sábete, viloriano, ruso, que perteneces a una tierra bruta y noble, y que no hay pueblo pequeño si tiene personas grandes.

                                                                                      – Florentino Ulibarri -

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    5 Comentarios hasta ahora.

    1. Jaime Javier SANZ Gohache dice:

      Pues la tía Clara, para mi madre, lo era por ser hermana de mi abuela Petra. De pequeño estuve dentro de esa casa y Florentino tuvo el gusto de enseñármela el año pasado, casi convertida ya en casa rural.
      La historia es muy bonita.
      Mi abuela era Petra Corres Casanellas.

      • Conchi Galdeano dice:

        Efectivamente, Clara era hermana de “la Petrica”. Gracias Javier por pasarte por la web y dejar tu comentario. Un abrazo.

    2. María José dice:

      Mi abuelo durante esa época también estuvo en Sáhara y era de Viloria. Se llamaba José Remiro Corres, pero lamentablemente no sabemos mucho de su vida. Falleció en los años 60

    3. Carlos Ulivarri dice:

      Que simple y bella historia .

      • Eduardo dice:

        Tuvimos mucha amistad con Mateo Casanellas y su mujer Pilar de Viloria y con uno de sus hijos Ananias , mis padres era de Galbarra ,cuando Mateo se jubiló volvieron a Viloria nos contaban muchas historia pasadas con la guardia civil después de la guerra en Viloria. MUY BUENAS PERSONAS Supongo que serian hermanos

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