Erase una vez que se era… cuando las fiestas de San Andrés no eran en Agosto, eran el 30 de noviembre, y doy fe que el refrán se cumplía muchos años.

    Las recuerdo con un cariño especial. Una ocasión para volver a acercarse a Viloria en invierno y reunirse otra vez con los amigos, porque era una cita obligada para todos.
    Si hay algo de quien todo el mundo se acuerda es de  Rufino, incondicional todos los años junto a su acordeón. Haciendo rondas coperas de casa en casa y por la noche transformándose en “orquesta”, algunos años junto a su mujer,  tocando en el improvisado escenario que se ponía en lo que hoy es la sociedad… “y epaaaaaa”.
    Lo grande que antes me parecía!!!!, que hasta había un pequeño rincón dedicado al zurracapote, y el calor que allí hacía, porque no cabía un alfiler. No habría muchas mas fiestas por la zona, con lo que allí se juntaba lo más granado del Valle y alrededores.
    Para alternar con el zurracapote, el bar de la Sole,  y ese chocolate que se servía ya de madrugada…  pufff…muchos muchos recuerdos.

    Los últimos años vinieron los “Izar Taldea”, aquello fue toda una revolución, aunque hay que reconocer que  ellos de “rondas coperas” no sabían mucho… Y el último año la nieve llegó a los pies, y nevó, nevó y nevó… y los músicos no pudieron llegar. Aunque fiesta lo que se dice fiesta hubo de todas formas, con bidón con fuego en la calle para la txistorra de madrugada y que no faltara calor.
    A partir de ahí se decidió que el verano aseguraba buen tiempo para hacer la celebración y para que la orquesta viniera si o si.

    Pero San Andrés es mucho  San Andrés y sigue teniendo su hueco por estas fechas, aunque sea una semana más tarde. Ahora ya más tranquilos, cuestión de edad, reunidos en una mesa que sirve para volver a reencontrarse y recordar aquellos San Andreses…

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    2 Comentarios hasta ahora.

    1. Jose Luis Orokieta Ugarte dice:

      Luciano Lapuente, sacerdote nacido en San Martín de Amescoa y estudioso antropólogo de las costumbres del valle vecino, que trabajo con Barandiaran y José Maria Satrustegi. En su trabajo publicado en 1987 “Música y danzas en las Améscoas: Su incidencia en la vida social” comenta lo siguiente:
      “En Eulate siempre ha habido algún buen acordeonista”
      ¿Seria acaso nuestro querido Rufino?
      Os dejo el link del artículo de Luciano Lapuente por si a alguno le interesa.

      http://www.vianayborgia.es/bibliotecaPDFs/CUET-0049-0000-0063-0070.pdf

      • Conchi Galdeano dice:

        Puede ser, y me consta que los sigue habiendo.

        Como siempre, gracias Pepelu por tu aportación y el interesante link que has puesto. Leer algo sobre las Améscoas es casi para trasladarlo a nuestro valle porque durante siglos hemos tenído muchísima relación y cosas en común.

        Y ya que estamos con las fiestas de Viloria, me retrotraigo unos cuantos años más, y dejo otra curiosidad.
        Hace unos cuantos años conocí a Aurelio Aristimuño, a quien se conoce como el último trovero de Tierra Estella, que falleció en 2011 con 95 años.
        Él recorrió durante años, siempre junto a su guitarra y acordeón todos los pueblos en fiestas de la Merindad, y me contaba sus anécdotas y lo mucho que le gustaba ir a las de Viloria por el buen ambiente que había y los amigos que allí encontraba.

        Aurelio compuso en su vida más de 8.000 coplas, algunas de las cuales están recogidas en un libro sobre él, y me cantaba esta que compuso en Viloria:

        “Tres hay sin cumplir con Pascua
        en el pueblo de Viloria,
        que son Casiano, Fortún
        y el nieto de la Redonda”

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